lunes, 3 de enero de 2011

“Papa Estado”, el fin de las ideas y la RSI








"La tarea de construir un nuevo orden mejor para reemplazar al viejo y defectuoso no forma parte de ninguna agenda actual –al menos no de la agenda donde supuestamente se sitúa la acción política–. La “disolución de los sólidos”, el rasgo permanente de la modernidad, ha adquirido por lo tanto un nuevo significado, y sobre todo ha sido redirigida hacia un nuevo blanco: uno de los efectos más importantes de ese cambio de dirección ha sido la disolución de las fuerzas que podrían mantener el tema del orden y del sistema dentro de la agenda política.” Zygmunt Bauman.



Como bien plantea Bauman la modernidad ha ido diluyendo todas aquellas estructuras funcionales, entendidas des de la lógica del sistema capitalista, que capitalizaban buena parte del poder. Como es conocido ese poder se ha ido “diluyendo” y ha sido capitalizado por “los nuevos” agentes poderosos que tienen nombre propio en forma de multinacionales. Los Estados han pasado de ejercer y capitalizar el orden social ha ser los nuevos sindicalistas de una era global que se expanden a velocidades vertiginosas. Mientras que a escala macrosocial las velocidades son de puro vértigo en el mundo micro el estancamiento es la nota predominante.
El sistema político, encabezado por los partidos políticos, lejos de poner soluciones a los problemas macro (posiblemente porque no puedan hacer mucho al respecto) se perpetúan en discursos antiguos puramente locales, en muchos casos de escasa importancia. Los partidos políticos lejos de aceptar que apenas puede intervenir en la nueva era global y que la capacidad de acción es en la mayoría de los casos limitada, siguen manifestando que pueden cambiar “desde abajo” (lo local) lo que arriba está en constante liquidez. En la esfera política actual nos encontramos con una izquierda con un discurso poco sólido (lógico estamos en una sociedad líquida) y en muchos casos anticuado, y una derecha lejos de infligir una ideología ilusionante sino que simplemente capitaliza las miserias de la sociedad global con discursos y políticas populistas. Mientras, la desafección política crece sin parar.


Aceptada la idea que los Estados difícilmente pueden “frenar” la nueva realidad global. ¿Qué futuro se nos plantea? ¿Son los actores políticos actuales los que deben o/y van a reconducir la modernidad líquida? Si bien es cierto que la desafección política y por lo tanto la figura del Estado está en pleno deterioro, no es menos cierto que todavía se sigue teniendo un cierto paternalismo hacia el mismo. Seguimos pensando des de la óptica que “Papá Estado” deba solucionar nuestros problemas. Resulta paradójico cuando hace unas décadas se aceptaba socialmente que el Estado debía intervenir menos en la vida pública. Hasta el punto que los mismos partidos de izquierdas fueron reconduciendo sus discursos, y en consecuencia sus políticas, a términos más conservadores. La derecha, simplemente, ha ido capitalizando el discurso neoliberal “de moda” en la mayoría del viejo continente y de los EUA. Pero lejos de hacer una análisis puramente del sistema político (daría para muchas hojas) Bauman plantea que quizá los actores que deban sacarnos de esta crisis socioeconómica no necesariamente tengan que ser los actuales. Cierto es que ahora mismo nos encontramos con el dilema de ¿quién tiene que sacarnos de esta crisis? Pues como bien comentaba el sociólogo alemán no lo sabemos. Hay que aceptar que los más preocupante de la actualidad es que no existe un discurso o ideología que genere ilusión y en consecuencia ningún líder que pueda capitalizar esa hipotética ideología. Seguimos pensando en sólido cuando la liquidez va diluyendo las estructuras sólidas a marchas forzadas. E ignoramos por completo como hacer frente a un mundo cada vez más incierto. No obstante, todas las crisis generar incertidumbre y de todas hemos salido (y no son pocas a lo largo de la historia).
Lo cierto es que en la actualidad no se vislumbra ningún “gigante” ideológico que genere cierta ilusión frente a la incertidumbre actual. Son archí conocidas frases como “el fin de las ideas”, “el fin de los gigantes”, etc. Todas ellas aportan contenidos interesantes los cuales nos hacen predecir que existe un “vacío social” que todavía no se ha “recubierto”.



Respecto a la sociedad “de a pie” pues asiste a una combinación de frustración, desánimo y apatía respecto al presente y al inmediato futuro. Seguimos instalados en la queja, lo cual hasta un cierto punto no es malo siempre y cuando ésta sea el origen de la acción. Me refiero que estamos delante de un cambio social importante en la cual la gran parte de la sociedad no quiere o no sabe aceptar. Nos hemos acomodados socialmente y no queremos y/ o no sabemos innovar. Así que podemos afirmar que una premisa importante para solventar la crisis pasa porque el ser humano piense en un nuevo paradigma social. No obstante, hay que tener cierta alerta en no dar un paso atrás. Los cambios no tienen porque hacernos retroceder socialmente. Derechos adquiridos durante siglos no pueden ser sepultados porque los actores que tienen o han tenido poder recientemente hayan hecho una mala gestión que ahora estamos todos pagando.


En síntesis, es tiempo de pensar y crear, no de lamanterse

jueves, 11 de marzo de 2010

¿La TV que nos merecemos?


Un día sentí por “las ondas” que "la mejor manera de ver TV es escuchando la radio". Y creo que aquello caló dentro de mí y lo tengo más que interiorizado.


Está claro que la TV actual es muy diferente de aquella que empezó en blanco y negro. Hoy no existe la TV-propaganda tan explícita del régimen franquista, llámese No-Do, aunque se mantienen elementos “similares” de condicionamiento ideológico (los medios de comunicación como perpetuadores del sistema). Una de las grandes diferencias objetivas es el aumento respecto al número de canales con la “recién estrenada” TDT en “todo” el territorio español. Ahora en vez de hablar de cadenas de TV podemos hacer una clara diferenciación entre grupos de canales. Se podría establecer una clasificación por temática, grupo empresarial al que pertenecen e incluso por la ideología “a la que obedecen”. En ésta última característica ejerciendo la función de lobby y de generador de ideologías que suelen reproducir los medios de comunicación. Resulta “bastante sencillo” detectar si una emisora (o grupo de ellas) obedece a un tipo de ideología u otra. Eso sí, ahora con la nueva era digital se puede observar cadenas más “extremistas”, des de un punto de vista ideológico, tanto de los considerados de izquierdas como de los más conservadores. Des de un análisis simplista podríamos decir que todo ello proporciona mayor y mejor información aunque tengo serias dudas de que realmente sea así. Cantidad no es siempre sinónimo de calidad en el tema de la información.


Sin embargo, si hay algo en lo que la mayoría de las cadenas de TV convergen son en los “programas del corazón” y en los “realities shows”. Los primeros posiblemente sean sui generis de España, o por lo menos la “curiosa” explotación que se da de este “género”, los segundo corresponden a importación americana. Los que se manifiestan en contra de este tipo de programas argumentan q este tipo de televisión atenta contra la educación, valores tradicionales e imposibilita el espacio a otros programas “moralmente mejores”. Los que se manifiestan a favor (o simplemente consumen este tipo de TV) pues centran su discurso en que “es lo que quiere la gente”. Si hacemos caso al “criterio universal” establecido a la hora de considerar un programa eficiente o no, dícese audiencia, pues habría que dar la razón a todos aquellos que están a favor de la considerada tele basura (corazón + realities). Pero, ¿debe ser la audiencia el criterio más importante para TV? A mi entender, no.

No obstante, para considerar un programa eficiente o no, según la lógica de audiencia, habría q tener en cuenta, como mínimo, dos elementos. Por un lado determinar si se da la misma oportunidad a otros espacios televisivos “moralmente mejores”. Es decir, que ocurriría si algún programa “moralmente mejor” dispusiera de un espacio en prime time y en segundo lugar que pasaría si la “inversión” publicitaria fuese similar a los de los programas de tele basura Hoy existen muchas desigualdades en ambos aspectos.
En la era de las sociedades de la (des) información el marketing puede camuflar las carencias del producto. Me atrevería a decir que el contenido en muchos casos resulta secundario. Mi sospecha sobre la rentabilidad de estos espacios es que a la hora de generar (des) información resulta mucho más fácil/rápido que hacerlo de temas “moralmente mejores” que requieren de un mayor “cuidado”, ya que éstos últimos se interesan por la calidad del producto.

Otro tema de discusión candente radica sobre la función que debería tener la TV. ¿La TV debe ser para informar/educar o simplemente para entretener? Cómo en tantas cosas en el equilibrio reside el éxito, no obstante, no es algo que predomine en nuestra TV. O bien nos encontramos en las “parrillas”, en cuenta gotas, espacios educativos o de reflexión en horarios intempestivos o en cadenas “secundarias”, o bien, programas de tele basura en horario prime time. . Por lo tanto se condiciona a que el espectador consuma un tipo de TV. ¿Es puramente por la audiencia? ¿Quizá no forma parte de una especie de “opio para el pueblo” que no permite reflexionar sobre otros aspectos, quizás más importantes, de la vida?

Por lo que hace a los realities en España empezó con ese “experimento sociológico” (muy mal hecho por cierto) llamado Gran Hermano (de diferentes formatos) y se ha ido “mutando” en variedades de todo tipo. Lo más preocupante de todo ello es la reproducción de valores que generan este tipo de tele basura. Paradójicamente escenifica valores muy contrarios a los de la “vida real”. Se premia el poco esfuerzo (aunque paradójicamente se hace mucha mención a él) para triunfar en la vida, se acepta la “perversión humana” para obtener dinero de una forma fácil etc. Valores como el esfuerzo, la dignidad, el honor quedan totalmente “sepultados” en este tipo de formatos. Por no hablar de personajes con cierta reputación que se han visto empujados a realizar tele basura como un tema de supervivencia.

Por ultimo no quisiera descuidar hacer alguna valoración respecto a los/las “telediarios”/ “noticias”. Éstos/éstas se han convertido en una especie de reproductores de la “sociedad del espectáculo”. Todo aquello que pueda estremecer más es sinónimo de noticia. Y si existe una noticia “estrella” pues nos la debemos “tragar” durante un día entero a todas horas, dando nula cabida a otros espacios. Supongo que el argumento que se da en estos casos “es que es noticia”.
En el contenido de estos programas predominan las noticias fatídicas, con unas dosis de política nacional “al gusto” del telediario/cadena, después incluyen una mini dosis de temas culturales y por “último” el deporte (perdón, el fútbol) que abarca, como mínimo, un tercio de los informativos y que parece ser que son las “únicas” noticias positivas de estos espacios. Posiblemente haya un cierto interés por tener entretenida a la gente, no voy a volver a entrar si el deporte se utiliza como “dominador de masas” y/o si realmente es “el opio del pueblo”, no obstante, resulta curiosa la importancia desproporcionada que se dedica a estos programas. Hay quien dice que es un privilegio para las sociedades “avanzadas” el poder hablar de deporte y no de tantas penurias, no obstante, me pregunto que si este exceso actual no sirve más que para eludir/omitir los problemas que realmente tenemos.
A modo de reflexión me pregunto si realmente esta es la TV que nos merecemos, queremos o simplemente nos imponen. Posiblemente sea de todo un poco.