
"La tarea de construir un nuevo orden mejor para reemplazar al viejo y defectuoso no forma parte de ninguna agenda actual –al menos no de la agenda donde supuestamente se sitúa la acción política–. La “disolución de los sólidos”, el rasgo permanente de la modernidad, ha adquirido por lo tanto un nuevo significado, y sobre todo ha sido redirigida hacia un nuevo blanco: uno de los efectos más importantes de ese cambio de dirección ha sido la disolución de las fuerzas que podrían mantener el tema del orden y del sistema dentro de la agenda política.” Zygmunt Bauman.

Como bien plantea Bauman la modernidad ha ido diluyendo todas aquellas estructuras funcionales, entendidas des de la lógica del sistema capitalista, que capitalizaban buena parte del poder. Como es conocido ese poder se ha ido “diluyendo” y ha sido capitalizado por “los nuevos” agentes poderosos que tienen nombre propio en forma de multinacionales. Los Estados han pasado de ejercer y capitalizar el orden social ha ser los nuevos sindicalistas de una era global que se expanden a velocidades vertiginosas. Mientras que a escala macrosocial las velocidades son de puro vértigo en el mundo micro el estancamiento es la nota predominante.
El sistema político, encabezado por los partidos políticos, lejos de poner soluciones a los problemas macro (posiblemente porque no puedan hacer mucho al respecto) se perpetúan en discursos antiguos puramente locales, en muchos casos de escasa importancia. Los partidos políticos lejos de aceptar que apenas puede intervenir en la nueva era global y que la capacidad de acción es en la mayoría de los casos limitada, siguen manifestando que pueden cambiar “desde abajo” (lo local) lo que arriba está en constante liquidez. En la esfera política actual nos encontramos con una izquierda con un discurso poco sólido (lógico estamos en una sociedad líquida) y en muchos casos anticuado, y una derecha lejos de infligir una ideología ilusionante sino que simplemente capitaliza las miserias de la sociedad global con discursos y políticas populistas. Mientras, la desafección política crece sin parar.
Aceptada la idea que los Estados difícilmente pueden “frenar” la nueva realidad global. ¿Qué futuro se nos plantea? ¿Son los actores políticos actuales los que deben o/y van a reconducir la modernidad líquida? Si bien es cierto que la desafección política y por lo tanto la figura del Estado está en pleno deterioro, no es menos cierto que todavía se sigue teniendo un cierto paternalismo hacia el mismo. Seguimos pensando des de la óptica que “Papá Estado” deba solucionar nuestros problemas. Resulta paradójico cuando hace unas décadas se aceptaba socialmente que el Estado debía intervenir menos en la vida pública. Hasta el punto que los mismos partidos de izquierdas fueron reconduciendo sus discursos, y en consecuencia sus políticas, a términos más conservadores. La derecha, simplemente, ha ido capitalizando el discurso neoliberal “de moda” en la mayoría del viejo continente y de los EUA. Pero lejos de hacer una análisis puramente del sistema político (daría para muchas hojas) Bauman plantea que quizá los actores que deban sacarnos de esta crisis socioeconómica no necesariamente tengan que ser los actuales. Cierto es que ahora mismo nos encontramos con el dilema de ¿quién tiene que sacarnos de esta crisis? Pues como bien comentaba el sociólogo alemán no lo sabemos. Hay que aceptar que los más preocupante de la actualidad es que no existe un discurso o ideología que genere ilusión y en consecuencia ningún líder que pueda capitalizar esa hipotética ideología. Seguimos pensando en sólido cuando la liquidez va diluyendo las estructuras sólidas a marchas forzadas. E ignoramos por completo como hacer frente a un mundo cada vez más incierto. No obstante, todas las crisis generar incertidumbre y de todas hemos salido (y no son pocas a lo largo de la historia).Lo cierto es que en la actualidad no se vislumbra ningún “gigante” ideológico que genere cierta ilusión frente a la incertidumbre actual. Son archí conocidas frases como “el fin de las ideas”, “el fin de los gigantes”, etc. Todas ellas aportan contenidos interesantes los cuales nos hacen predecir que existe un “vacío social” que todavía no se ha “recubierto”.

Respecto a la sociedad “de a pie” pues asiste a una combinación de frustración, desánimo y apatía respecto al presente y al inmediato futuro. Seguimos instalados en la queja, lo cual hasta un cierto punto no es malo siempre y cuando ésta sea el origen de la acción. Me refiero que estamos delante de un cambio social importante en la cual la gran parte de la sociedad no quiere o no sabe aceptar. Nos hemos acomodados socialmente y no queremos y/ o no sabemos innovar. Así que podemos afirmar que una premisa importante para solventar la crisis pasa porque el ser humano piense en un nuevo paradigma social. No obstante, hay que tener cierta alerta en no dar un paso atrás. Los cambios no tienen porque hacernos retroceder socialmente. Derechos adquiridos durante siglos no pueden ser sepultados porque los actores que tienen o han tenido poder recientemente hayan hecho una mala gestión que ahora estamos todos pagando.
En síntesis, es tiempo de pensar y crear, no de lamanterse
